8 de septiembre de 2026

El Honorable Donald J. Trump
Presidente de los Estados Unidos de América

El Honorable Markwayne Mullin
Secretario de Seguridad Nacional

El Honorable Secretario Rubio
Washington, DC 20528

Estimado Presidente Trump, Secretario Mullin y Secretario Rubio:

Somos obispos, pastores y líderes de fe que servimos a congregaciones evangélicas latinas en todo los Estados Unidos. Aunque muchos de nosotros somos ahora ciudadanos de los Estados Unidos, muchos también somos inmigrantes. La mayoría pastoreamos iglesias donde ciudadanos estadounidenses, residentes permanentes legales y hermanos y hermanas indocumentados adoran juntos. Todos pertenecemos al mismo cuerpo. Hemos sido bautizados en las mismas aguas, compartimos los mismos principios bíblicos y criamos a nuestros hijos juntos en la misma comunidad.

Para nosotros, el inmigrante no es un tema abstracto; el inmigrante es una persona. Más aún, la inmigración es una realidad pastoral que enfrentamos cada semana en el ministerio que Dios nos ha encomendado. Al acercarnos al vencimiento, el 9 de septiembre, de la protección contra la deportación y de las autorizaciones de empleo que cerca de 200,000 salvadoreños han tenido durante 25 años, respetuosamente les instamos a extender el Estatus de Protección Temporal (TPS) para El Salvador. Para la mayoría de los salvadoreños amparados por el TPS, la terminación de este programa resultará en la pérdida inmediata de su estatus legal y en la separación de sus hijos ciudadanos estadounidenses y otros familiares, así como en posibles detenciones y deportaciones. Por lo tanto, si deciden poner fin al TPS para El Salvador, les pedimos en oración que proporcionen una transición adecuada para sus beneficiarios mediante la adopción de un período ordenado y digno de dos años para la terminación gradual de estas protecciones.

Nuestra nación es más fuerte cuando protegemos tanto la seguridad como la dignidad humana. Las Escrituras nos llaman repetidamente a acoger al extranjero, proteger a las familias, buscar la justicia y tratar a los trabajadores con equidad. Jesús nos recuerda que todo lo que hacemos por “uno de estos mis hermanos más pequeños”, por Él lo hacemos (Mateo 25:40). El profeta Miqueas nos llama a “hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:8). Estos principios deben guiarnos al considerar el futuro de familias que durante más de dos décadas han vivido, trabajado, adorado, pagado impuestos y servido a sus comunidades en los Estados Unidos.

El Salvador ha estado designado para el TPS desde 2001. Actualmente, aproximadamente 170,000 beneficiarios salvadoreños del TPS permanecen en los Estados Unidos, muchos de los cuales han pasado más de 25 años construyendo sus vidas aquí. Son padres, madres, esposos, esposas, propietarios de viviendas, dueños de pequeños negocios, empleados, voluntarios, vecinos y miembros de nuestras congregaciones y comunidades. Más de 150,000 niños ciudadanos estadounidenses tienen a uno de sus padres protegido por el TPS para El Salvador. Por lo tanto, poner fin a estas protecciones afectaría a muchas más personas que únicamente a quienes poseen el TPS. Colocaría a niños y familias estadounidenses en una situación de extraordinaria incertidumbre y podría separar a padres de hijos que son ciudadanos de los Estados Unidos.

Como personas de fe, creemos que mantener unidas a las familias no es simplemente un asunto migratorio. Es nuestra responsabilidad moral.

Casi todos los salvadoreños amparados por el TPS están actualmente empleados y constituyen una parte importante de la fuerza laboral y la economía de los Estados Unidos. Cerca del 90 por ciento participa en la fuerza laboral, trabajando en sectores como la construcción, el transporte, la manufactura, los servicios de alimentos, el paisajismo, la hospitalidad y otras industrias esenciales. Muchos han desarrollado, a lo largo de décadas, destrezas y experiencia de las cuales dependen las empresas estadounidenses. Sus contribuciones son sustanciales: los salvadoreños beneficiarios del TPS aportan aproximadamente $5.4 mil millones anuales a la economía de los Estados Unidos y pagan cerca de $1.5 mil millones cada año en impuestos federales, estatales y locales.

Una terminación abrupta de las autorizaciones de empleo y las consiguientes deportaciones perturbarían lugares de trabajo en todo el país, retirando a trabajadores cualificados de puestos esenciales y afectando a empleadores, trabajadores, consumidores y economías locales estadounidenses.

Creemos que una nación puede hacer cumplir sus leyes migratorias y, al mismo tiempo, reconocer que las personas que han vivido pacífica y productivamente en nuestras comunidades durante toda una generación merecen una consideración cuidadosa y compasiva. Si el TPS debe llegar a su fin, les pedimos en oración que consideren los profundos vínculos que nuestras familias, vecinos y hermanos y hermanas salvadoreños han establecido en este país, y que les concedan un período de tiempo razonable para poner sus asuntos en orden y permitir que las comunidades se preparen para el fin de sus protecciones legales.

Oramos para que consideren no solo lo que es legalmente permisible, sino también lo que es humano, compasivo y responde a los mejores intereses de nuestra nación. Durante más de 25 años, los salvadoreños beneficiarios del TPS han demostrado su compromiso con los Estados Unidos mediante su trabajo, sus familias, sus comunidades y sus contribuciones. Han respondido al llamado de proveer para sus familias y fortalecer las comunidades en las que Dios los ha colocado.

Les instamos a extender el TPS para El Salvador y preservar las autorizaciones de empleo para estos miembros ejemplares de nuestras comunidades, quienes han establecido profundas raíces en nuestro país.

Que Dios les conceda sabiduría, discernimiento y compasión al tomar esta decisión de tanta trascendencia.

Atentamente,

Obispos, pastores, y líderes de fe de

Confraternity of Pentecostal Entities of the Americas (CEPA)